- ¿De quién me hablás?, respondió desorientada la otra
- ¡De Borges! Estoy leyendo un cuento y hay que ver lo que sabe, porque hay que reconocer que sabe y leyó mucho, ¡pero cómo inventa!
Es imposible transmitir con exactitud el tono agudo y los altibajos en la voz de la tía, y mucho menos aún intentar comprender el sentimiento gatuno que disparó contra la prodigiosa inventiva del eterno escritor.