Ahí en el piso estaba tirada la última oportunidad perdida. Antojadiza y burlona nadie la vio volar, empaparse con la lluvia o aterrizar en ese recoveco. Esa noche un gato del Pasaje se entretuvo con ella un buen rato. La zarandeó entre sus patas como a una presa. Por suerte pasó una cucaracha que lo distrajo.
Hasta ese momento nadie se había percatado de la importancia del menospreciado insecto.