30.8.09

Domingo a la tarde. El ajedréz es un juego de felinos pensantes. Matemáticos, precisos y pacientes. Que solo mueven una pieza luego de haber estudiado no solo el tablero sino la mente de su contrincante, que a esta altura se ha transformado en un pequeño país por conquistar. En esa visión descansa el atigrado europeo que se ha vuelto ejecutor del poder. Sus cualidades: frialdad y ambición inteligente. Nada es azaroso para él. Sus maullidos escazos, sus gestos medidos, su respiración pausada. Hasta la carraspera tiene un propósito.
Como si fuese un duelo de cuchilleros o una pulseada, los gatos del barrio disponen un círculo en torno a los rivales.
El gato de angora piensa que moverá el alfil cuando sea necesario, pero que por ahora solo arriesgará peones. El atigrado sabe de su cautela...lo espera. Se relame una pata, el lomo, su cola naranja y mira a todos con arrogancia.
De repente el caos. De las alturas de un balcón ignoto caen migas de pan, trozos de galletas, y una nube de polvo de rara composición que se deposita en medio de la jugada. Luego el remolino de alas ruidosas chocando entre sí. Las piezas derribadas. El desorden, el desquisio. Absortos los felinos presencian el imponderable universal. Una vez más la estadística ha ganado la partida.


10.8.09

Rocío estático, hojas tiesas, viento reverso. El Pasaje de Los Gatos no es un lugar fácil de hallar. Se encuentra suspendido en el tiempo.
Quienes viven allí intuyen la existencia de un universo paralelo, se preguntan si hay un más allá, y cuestionan el reinado de los gatos, pero como es lógico ellos no se dan por aludidos. Son los dioses. Manejan los ires y venires, los estados de ánimo de los vecinos y también a los perros. Es usual ver a niños de ojos negros caminándolo.
Hay quienes dicen que los niños y los gatos guardan un secreto. Que los niños de ojos negros son en realidad los dueños del tiempo y que sus testaferros son los gatos. Que los niños ven a través de sus ojos, espían la noche y que cuando no hay estrellas se puede ver el reflejo azul verdoso de sus sombras posarse en el aloe vera plantado en los canteros.

Una vuelta descubrieron a la tortuga escondida entre los matorrales de ortensias y se enteraron de que la vecina del tercer piso robaba broches a la del dieciseis. Vieron a dos extrangeros perdidos y a un hombre tratando de entrar a un departamento vacío en la oscuridad. Palparon al amor temprano y al imposible. Escucharon discusiones de domingo a la tarde. Olieron el alcohol y el perfume engañoso de la marihuana. Escucharon gritos. Lloraron la pérdida de un árbol, dos, tres y de una casa. No podían dejar de preguntarse porqué. Y aunque las crónicas destacan la generosidad de los vecinos del pasaje, no encontraron a nadie que responda estas preguntas infinitas.
A diez minutos del poniente cabalgaron un remolino de viento y de hojas secas, y más tarde vagaron por la noche.

7.8.09

El fastidio de madrugar en invierno no era nada comparado con la angustia que le producía ir al correo y verificar que la carta esperada aún no llegaba. Como todo felino enamorado se había transformado en un experto analizador de gestos, detalles, maullidos, olores, en definitiva: todo signo que pudiese revelar cualquier aspecto de su amada. Decidió poner fin a tanta ansiedad y recurrió como todos los gatos de aquel lugar al oráculo de La Esquina. La pitoniza no tardó en darle una pista que lo dejaría tan desorientado como antes, aunque un poco mejor.
-Enamorarse es un acto de voluntad- largó ella con discplicencia y frialdad.
El solo atinó a decir: Si, pero y la carta.... cuándo llega?

4.8.09

-¿Por qué se ríe? - preguntó con fastidio
-Me río para no morir una vez más
- Qué cosa tan ridícula
- No lo es. Fíjsese. He perdido cinco vidas; tres en peleas callejeras; dos cayendo del mismo árbol, y esta tercera será el destino, dijo mientras se descostillaba en el suelo
-Pero, ¿no le parece que debiera esperar la muerte de una manera más digna? - juzgó el primero
- No lo creo, estoy a gusto en este papel de bufón
- Entonces la suya será una versión edulcorada de la muerte real, será, la versión descremada, desnatada
-Será una versión de claque, grotesca, y no carente de cinismo
-Si usted lo dice,
-Considérelo un desafío - lo azuzó

Acto seguido se trenzaron en pelea de garras y dientes afilados. De gritos y saltos, de tumbos, sangre y orejas cortadas. Luego se oyó un maullido profundo y más tarde el silencio rompió en una risotada. Esa tarde el azar, la estadística, o dios en sus múltiples representaciones, no pudieron explicar por qué el gato que reía primero también reía último.

3.8.09

Hubo una idea que se desvaneció casi en el acto. Como si la tierra hubiese sacado una lengua y desde sus entrañas voraces se la hubiese tragado. No quedó rastro de ella. Había surgido a la medianoche mientras uno o dos gatos maullaban en el apareo previo a la primavera. Los inusitados maullidos, como el llanto de un bebé, lograron distraer la atención del pobre pensante que miraba desconcertado por la ventana, como queriendo recuperar aquello que fatalmente no volvería.