27.7.09

Otra vez el gato contador. Entra como en su propia casa y se adueña de la mesa de allá. La del medio, que como está en el primer piso, tiene vista hacia la entrada principal del café. A este gato le gusta el control. Y esa posición se lo facilita. Es, al fin y al cabo, un gato-halcón.
Con un rápido movimiento desenfunda su calculadora tal como lo haría un agente secreto antes de entrar en una habitación vacía.
La escena se corona con el suspiro de la gata economista de la mesa de enfrente.