17.7.09

Lamía sus patas:
Es tarde, de noche. Es invierno, hace frío. Qué buenos los caloventores y estufas, pensó.
Qué malo para el medio ambiente, se dijo. Pero qué mas puedo hacer, si hace frío.

Cuando lo arrastra la nostalgia el gato poeta se sube a alguna cama y comienza a ronronear.
¿Por qué será que las noches son dueñas de los recuerdos?, piensa.
Ahí se ve a la mano amiga, que apiadándose de él y le propicia algunas rascadas en el cuello o la barriga. En el acto se escapa un maullido:

Ah!, el placer de una noche de invierno.