El fastidio de madrugar en invierno no era nada comparado con la angustia que le producía ir al correo y verificar que la carta esperada aún no llegaba. Como todo felino enamorado se había transformado en un experto analizador de gestos, detalles, maullidos, olores, en definitiva: todo signo que pudiese revelar cualquier aspecto de su amada. Decidió poner fin a tanta ansiedad y recurrió como todos los gatos de aquel lugar al oráculo de La Esquina. La pitoniza no tardó en darle una pista que lo dejaría tan desorientado como antes, aunque un poco mejor.
-Enamorarse es un acto de voluntad- largó ella con discplicencia y frialdad.
El solo atinó a decir: Si, pero y la carta.... cuándo llega?